La ciencia detrás de los videojuegos: 8 datos que no sabías sobre cómo afectan a tu cerebro
Descubre cómo los videojuegos modifican tu atención, tu memoria, tu toma de decisiones y hasta tu percepción del mundo, según la investigación científica.
12/8/202512 min read


Los videojuegos ya no son solo entretenimiento: son un laboratorio perfecto para estudiar cómo funciona la mente humana. Desde cómo procesamos estímulos visuales hasta cómo tomamos decisiones bajo presión, cada partida activa sistemas cerebrales que la ciencia lleva décadas intentando comprender.
La psicología cognitiva, la neurociencia y la pedagogía han encontrado en los videojuegos una herramienta única para investigar atención, memoria, aprendizaje, motivación e incluso habilidades sociales. Lo sorprendente es que muchos de estos efectos ocurren sin que el jugador sea consciente de ello: simplemente está “jugando”.
En este artículo conocerás 8 descubrimientos científicos que explican por qué los videojuegos enganchan tanto, qué cambios producen en tu cerebro y cómo influyen en tus capacidades cognitivas dentro y fuera de la pantalla.
1)¿Por qué jugar videojuegos puede mejorar tu cerebro? La psicología ya tiene una respuesta
En los últimos años, la investigación psicológica ha descubierto algo sorprendente: jugar videojuegos no solo entretiene, sino que entrena el cerebro de una manera muy parecida a como el ejercicio físico entrena el cuerpo. En las primeras páginas del artículo, los autores explican que los videojuegos estimulan zonas clave del sistema cognitivo —como la memoria de trabajo, la atención y la flexibilidad mental— gracias a la enorme cantidad de información que el jugador debe procesar en tiempo real.
Uno de los hallazgos más llamativos es que ciertos géneros, como los shooters o los juegos de estrategia, mejoran la capacidad multitarea, la percepción periférica y hasta la velocidad con la que interpretamos señales visuales y auditivas. Tras varias semanas de práctica, los jugadores responden más rápido, cometen menos errores y muestran un procesamiento mental más eficiente.
Pero el artículo no se queda solo en lo cognitivo. También señala que muchos videojuegos fortalecen habilidades psicológicas como la autorregulación, la motivación y la toma de decisiones bajo presión. Juegos MOBA como League of Legends requieren planificar, adaptarse al equipo y gestionar emociones intensas, lo que termina entrenando habilidades útiles en la vida real.
Además, los videojuegos no solo moldean al individuo: también fortalecen la dimensión social. En las últimas páginas, se destaca que el juego cooperativo mejora el trabajo en equipo, la comunicación y el compromiso, e incluso puede aumentar la cercanía familiar cuando padres e hijos juegan juntos. Las familias con peor comunicación previa muestran los mayores beneficios, lo que sugiere que el videojuego actúa como un puente emocional.
García-Naveira Vaamonde, A., Jiménez Toribio, M., Teruel Molero, B., & Suárez, A. (2018). Beneficios cognitivos, psicológicos y personales del uso de los videojuegos y esports: una revisión. Revista de Psicología Aplicada al Deporte y al Ejercicio Físico, 3(2), 1–14.
2) Cómo los videojuegos transforman tu cerebro más de lo que imaginas
En las primeras páginas de la tesis se explica que los videojuegos dejaron de ser simples pasatiempos para convertirse en un espacio donde se entrenan habilidades cognitivas fundamentales. El autor muestra cómo, desde los años noventa hasta hoy, la complejidad creciente de los videojuegos ha obligado a los jugadores a activar procesos como la percepción, la memoria, la atención y la toma de decisiones de forma constante. Investigadores como Estallo ya defendían en 1995 que estos juegos podían potenciar funciones cognitivas que antes no se asociaban al entretenimiento.
En el desarrollo conceptual se detalla que la cognición espacial —una capacidad esencial para orientarnos, analizar objetos y movernos por el entorno— se ve profundamente estimulada por los videojuegos. Las tareas de navegación, la rotación mental de objetos y la atención visual se activan simultáneamente, haciendo que el jugador aprenda a filtrar información, reconocer patrones y anticipar movimientos en milésimas de segundo. Autores como Spence & Feng señalan que este tipo de procesamiento depende tanto de la percepción como de la memoria y la atención, que trabajan en conjunto como una sola red cognitiva mientras jugamos.
Más adelante, el texto muestra que incluso habilidades superiores como la flexibilidad cognitiva —la capacidad de adaptarnos a cambios, alternar tareas y generar nuevas estrategias— mejoran con ciertos géneros, especialmente los juegos de estrategia y los de acción. Experimentos realizados con StarCraft y World of Warcraft demostraron que estos juegos ayudan a reorganizar prioridades, anticipar recursos y resolver problemas complejos bajo presión, funciones que en psicología forman parte del funcionamiento ejecutivo.
Moscardi, R. (2018). Videojuegos y habilidades cognitivas (Tesis de Licenciatura). Universidad Católica Argentina.
3) ¿Sabías que jugar videojuegos de estrategia en tiempo real puede mejorar tu memoria de trabajo?
Un estudio científico analizó cómo juegos como StarCraft, Age of Empires o Warcraft no solo entretienen, sino que también entrenan capacidades cognitivas clave.
En las primeras páginas del artículo se explica que estos videojuegos exigen que el jugador mantenga metas activas, gestione recursos, tome decisiones rápidas y actualice su estrategia en tiempo real. Todo esto, según los autores, implica usar intensamente la memoria de trabajo: ese sistema mental que te permite mantener y manipular información mientras actúas.
Cuando compararon a jugadores expertos con personas que casi no juegan, descubrieron que los jugadores frecuentes tenían mejores puntuaciones en pruebas de memoria de trabajo y mayor precisión en tareas cognitivas complejas como el 3-back, que exige recordar estímulos presentados varios pasos atrás. Esto se detalla en las páginas donde se reportan las diferencias significativas entre ambos grupos.
Lo más llamativo: los jugadores que dedicaban más horas a la semana a estos videojuegos mostraron aún mejores resultados en memoria de trabajo que quienes jugaban menos, aunque no hubo diferencias relevantes en velocidad de procesamiento. Esto sugiere que la práctica constante actúa como una forma de entrenamiento cognitivo real.
López-Riquelme, G. O., Soto-Alba, E. E., Mata-Bautista, C. R., & Marzoug, R. (2022). Jugar videojuegos de estrategia en tiempo real tiene efectos positivos en la memoria de trabajo. Revista ConCiencia EPG, 7 (Ed. Especial), 143–175.
4) Por qué los videojuegos de acción te vuelven más rápido y preciso
El documento explica que los videojuegos de acción son los más investigados en psicología debido a la enorme cantidad de estímulos que exigen procesar. Desde las primeras investigaciones de Bavelier y Green se halló que este género obliga a reaccionar de forma rápida, seguir múltiples objetos simultáneamente y tomar decisiones inmediatas, lo que favorece tanto la percepción visual como la atención y la flexibilidad cognitiva. En los resultados comparativos, quienes jugaban este tipo de juegos presentaban mejor sensibilidad al contraste, mayor eficiencia atencional y una velocidad de decisión superior a los no jugadores.
El texto detalla que esta mejora no es casual: los videojuegos de acción entrenan la atención selectiva y la atención distribuida. En otras palabras, enseñan a ignorar distractores, procesar información relevante y cambiar rápidamente de foco cuando la situación lo exige. Se explica que este tipo de habilidades son fundamentales en la vida cotidiana, desde conducir hasta resolver conflictos en entornos cambiantes. Además, se resalta que el procesamiento visoespacial —la capacidad de interpretar el espacio, coordinar movimientos y reconocer patrones visuales— también se fortalece significativamente.
Los experimentos recogidos muestran que estos jugadores ejecutan mejor tareas de multitarea y presentan una mayor capacidad para cambiar de tarea (task-switching). Incluso en decisiones perceptuales, como elegir entre estímulos ambiguos o veloces, los jugadores aciertan con más rapidez. Según el documento, esto se debe a que los videojuegos de acción actúan como un entrenamiento intensivo de los sistemas perceptivos y de las funciones ejecutivas.
Moscardi, R. (2018). Videojuegos y habilidades cognitivas (Tesis de Licenciatura). Universidad Católica Argentina.
5) Cómo los videojuegos se convirtieron en el nuevo “culpable favorito” de la sociedad
El artículo explica que cada vez que surge una nueva tecnología, la sociedad tiende a culparla de los males de su época. En el pasado fueron los cómics, el rock, la televisión y hasta las novelas. Hoy, los videojuegos ocupan ese lugar. En las primeras páginas se observa cómo el miedo colectivo llevó a aceptar afirmaciones sin evidencia, creando un clima donde los videojuegos aparecían como una amenaza cultural, educativa y moral. Este fenómeno es lo que se conoce como pánico moral, un mecanismo social que simplifica problemas complejos buscando culpables fáciles.
A lo largo del texto se muestra que esta reacción no surgió de la investigación científica, sino de discursos institucionales, políticos y mediáticos que aprovecharon el desconocimiento del público para reforzar la idea de “riesgo”. Paradójicamente, muchas de estas declaraciones oficiales se hicieron sin consultar a expertos en comunicación, sociología o cultura digital. Esto contribuyó a instalar la idea de que los videojuegos eran peligrosos incluso antes de que existieran estudios serios sobre ellos.
El autor recoge también la postura de Henry Jenkins, quien demuestra que la mayor parte de los argumentos contra los videojuegos responden a mitos más que a datos. Jenkins desmonta creencias como que “los videojuegos aíslan”, “desarrollan asesinos” o “solo muestran violencia gratuita”. En lugar de estas simplificaciones, propone analizar cómo los jugadores interactúan con los juegos, qué comunidades forman y cómo integran la experiencia lúdica en su vida cotidiana. Este enfoque convierte al jugador en agente activo, no en víctima pasiva de una pantalla.
Finalmente, el artículo invita a observar que los videojuegos forman parte de una cultura en transformación. Son espacios de creatividad, colaboración, competencia y expresión personal. Al culparlos automáticamente de la violencia social, dejamos de lado lo que realmente ocurre: los videojuegos son un espejo de la cultura, no su causa. Los problemas estructurales de una sociedad no pueden explicarse por el número de horas frente a una consola, sino por las tensiones sociales que existen mucho antes de encender un juego.
Otero, E. (2008). Videojuegos y violencia: entre el pánico moral y la investigación científica.
6)Videojuegos de estrategia y puzzles: el gimnasio secreto de tu pensamiento lógico
Uno de los apartados más interesantes de la tesis analiza cómo los videojuegos de estrategia y puzzles fortalecen procesos cognitivos complejos. En el caso de los juegos de estrategia en tiempo real, se describe que el jugador debe administrar recursos, anticipar movimientos del rival, coordinar unidades y ajustar su enfoque según la situación del mapa. Todo esto activa la flexibilidad cognitiva, una habilidad ejecutiva que permite alternar entre tareas y modificar estrategias sin perder eficacia. Estudios como los de Glass, Maddox y Love muestran que esta exposición prolongada mejora la memoria de trabajo y la capacidad de planificar.
Por otro lado, videojuegos como Tetris muestran cómo las mecánicas simples pueden producir efectos profundos en la cognición espacial. El documento señala investigaciones donde se observaron mejoras en la rotación mental, la coordinación óculo-manual y la atención selectiva en personas que jugaban este tipo de puzzles. En adultos mayores, estas tareas incluso lograron mejorar la atención y la rapidez con que analizaban estímulos visuales, lo que demuestra que los videojuegos pueden actuar como herramientas de estimulación cognitiva transversal.
El texto también destaca que resolver problemas dentro de universos virtuales —como ocurre en World of Warcraft— refuerza habilidades relacionadas con la planificación, la evaluación de opciones y la toma de decisiones bajo presión. Se encontró que los jugadores desarrollan la capacidad de analizar situaciones ambiguas, probar estrategias alternativas y adaptar su comportamiento en función del resultado, procesos que en psicología forman parte del razonamiento lógico.
Moscardi, R. (2018). Videojuegos y habilidades cognitivas (Tesis de Licenciatura). Universidad Católica Argentina.
7) Los videojuegos pueden transformar la frustración en motivación para aprender
Uno de los hallazgos más llamativos del estudio es que las emociones que despiertan los videojuegos —tanto positivas como negativas— pueden convertirse en un motor de aprendizaje. En las primeras páginas, los autores explican que los videojuegos atraen tanto porque activan lo que en psicología se llaman “factores dinamizadores de la conducta”: retos continuos, sensación de progreso, estímulos visuales y sonoros intensos y una estructura que obliga a superar obstáculos paso a paso. Ese mismo diseño que engancha al jugador puede usarse para motivar a un estudiante dentro del aula.
Más adelante, el artículo describe cómo crearon un videojuego 3D integrado en Moodle y lo probaron con universitarios. Allí descubrieron algo sorprendente: no solo las emociones positivas —como interés, diversión o satisfacción— aumentaban la motivación, sino que la propia frustración del juego también se transformaba en persistencia. Cuando un alumno fallaba o no lograba superar un desafío, no se rendía; al contrario, muchos intensificaban el esfuerzo para lograr los objetivos de aprendizaje. El videojuego actuaba como un espacio seguro donde equivocarse no era un fracaso, sino parte del proceso.
En las secciones centrales, los autores explican que esta respuesta emocional surge porque el jugador no es un observador pasivo, sino un actor dentro del mundo virtual. Al controlar un avatar, colaborar con compañeros o enfrentarse a enemigos, el estudiante siente inmersión, responsabilidad y recompensa. De hecho, emociones como la sorpresa, la tensión, el humor o incluso la ansiedad juegan un papel clave: mantienen la atención, activan la curiosidad y hacen que la experiencia sea significativa, algo difícil de conseguir en una clase tradicional.
Finalmente, el estudio señala un punto muy interesante: algunos alumnos tenían dificultades para aceptar que una actividad “divertida” pudiera ser realmente educativa. Esta resistencia proviene del modelo clásico de enseñanza, donde solo lo serio parece válido. Pero los resultados lo dejan claro: cuando se combinan emoción, reto y colaboración, la motivación aumenta, y con ella, el aprendizaje. Los videojuegos no solo entretienen; pueden enseñar mejor porque emocionan.
González, C. S., & Blanco, F. (2008). Emociones con videojuegos: incrementando la motivación para el aprendizaje. Teoría de la Educación: Educación y Cultura en la Sociedad de la Información, 9(3), 69–92.
8) ¿Los videojuegos bélicos enseñan historia o solo glorifican la guerra? La ciencia lo tiene claro
En la revisión de la última década sobre videojuegos bélicos, los investigadores encontraron algo fascinante: estos juegos no son solo disparos y acción. En las primeras páginas del estudio se revela que existe un debate polarizado. Para algunos autores, los videojuegos de guerra funcionan como plataformas de propaganda militarista; para otros, pueden ser herramientas educativas que permiten explorar la historia de manera inmersiva, rompiendo con la linealidad del cine y los libros de texto tradicionales.
A lo largo del artículo se ve que en el ámbito educativo muchos estudios demuestran que juegos como Age of Empires, Medal of Honor o Valiant Hearts ayudan a los alumnos a comprender hechos históricos, desarrollar pensamiento crítico y empatizar con las víctimas de los conflictos. Incluso permiten analizar las causas de la guerra, los cambios políticos y las decisiones estratégicas, convirtiendo el aprendizaje en una experiencia activa y emocionalmente significativa.
Pero el estudio también muestra el otro lado: algunos videojuegos distorsionan la historia. La revisión señala que sagas como Call of Duty ofrecen una visión reducida del conflicto, donde se omiten causas, consecuencias y la presencia de civiles. En otras palabras, priorizan la acción sobre la reflexión. Y ciertos análisis denuncian que muchos títulos reproducen estereotipos raciales o de género, legitiman la militarización o representan la guerra como un escenario heroico sin sufrimiento real.
Finalmente, el artículo destaca un punto clave: el futuro de los videojuegos bélicos en educación depende de cómo se diseñen. Los expertos en tecnología recomiendan que historiadores, pedagogos y desarrolladores trabajen juntos para crear juegos que combinen jugabilidad con rigor histórico, misión crítica y dilemas morales que inviten a reflexionar sobre la guerra y sus víctimas, no solo a “jugar” a ella.
Del Moral Pérez, M. E., & Rodríguez González, C. (2021). Revisión sistemática de investigaciones sobre videojuegos bélicos (2010-2020). Revista de Humanidades, 42, 205–228.
A lo largo de este recorrido hemos visto que los videojuegos son mucho más que un pasatiempo: son un espacio donde se entrenan habilidades cognitivas, se expresan emociones profundas y se construyen significados culturales que antes solo se estudiaban en ámbitos académicos. La ciencia demuestra que mientras jugamos, nuestro cerebro se adapta, mejora su atención, afina la memoria de trabajo, acelera la toma de decisiones y desarrolla estrategias que pueden transferirse a la vida diaria.
También aprendimos que las emociones —incluida la frustración— no son un obstáculo, sino un motor. Los videojuegos convierten el error en aprendizaje, el desafío en motivación y la curiosidad en un impulso sostenido. Y cuando se integran en entornos educativos, pueden transformar la forma en que entendemos el aprendizaje y la participación, convirtiéndolos en experiencias activas, significativas y profundamente humanas.
Por otro lado, descubrimos que el debate social sobre los videojuegos es más complejo de lo que suele mostrarse. La evidencia científica desmiente la idea de que los videojuegos generen violencia y nos recuerda que los problemas sociales no pueden explicarse desde un mando o una pantalla. Los videojuegos reflejan nuestra cultura, pero no la determinan.
En definitiva, los videojuegos son un puente entre ciencia, creatividad y experiencia. Son laboratorios cognitivos, espacios de encuentro social, herramientas educativas y narrativas interactivas capaces de enseñarnos tanto sobre el mundo como sobre nosotros mismos.
Si algo queda claro después de este viaje es que comprender los videojuegos es, en el fondo, una forma de comprender cómo pensamos, cómo sentimos y cómo aprendemos en la era digital.















